miércoles 16 de septiembre de 2009

camino hacia la infelicidad

La mayoría de las personas y algunos profesionales de lo que se denomina Psicología Positiva albergan la creencia más o menos explícita de que es posible incrementar la propia felicidad y la de los demás a través de logros como el amor, el dinero, la salud o el éxito profesional entre otros. Sin embargo, otros autores, a los que me adscribo, señalan que la felicidad es más relativa que absoluta y que la felicidad (y la infelicidad) es más bien cosa del contexto estimular en el que se desarrolla.

Bajo esta concepción de la felicidad como hecho relativo se podrían entender –cosas inexplicables para la mayoría- como el hecho de que personas que tienen muchos bienes, riquezas o parejas estupendas se declaren infelices o terminen en la más absoluta ruina, mientras que personas que viven en la indigencia o terribles enfermedades se definan como tremendamente felices. Y que darían sentido a expresiones no difíciles de escuchar como “Dios da pan a quien no tiene dientes”, “los ricos también lloran” o “no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita”.

Sin embargo, la realidad del día a día nos muestra que las personas somos más amigas de explicaciones que mezclan a partes iguales los deseos personales del tipo “si yo hubiera sido el rico o famoso sería feliz” o achacando a características de una personalidad inmadura o desequilibrada la infelicidad del que tiene “de todo”.

Al respecto de la felicidad como hecho puntual y referido al contexto fue abordado por un Psicólogo Social de nombre Parducci quien propuso hace ya más de treinta años un sugerente modelo denominado del Rango-Frecuencia según el cual la felicidad se produce en base a dos principios; el del rango, que pone la felicidad de un hecho concreto en relación con la magnitud del estímulo comparado con la experiencia más placentera y la menos placentera en ese aspecto (p.ej. mi pareja actual es la mejor de todas las que he tenido); y el principio de frecuencia, que pone en relación la felicidad con la frecuencia relativa con la que ocurren hechos felices o infelices en tal aspecto (p.ej. cuántas de mis parejas anteriores me hicieron sentirme feliz).

Trasladado a nivel social podríamos decir que el valor que tiene para las personas un hecho que podríamos esperar nos aportara la felicidad (p.ej. la compra de un coche, una casa, una subida de sueldo, salir a cenar o gastar dinero en artículos que se supone deberían hacernos felices) depende directamente con la frecuencia con la que nos ocurre. Así, si una persona está acostumbrada a gastar y darse caprichos con cierta asiduidad, estos apenas le harán feliz –apenas al día siguiente habrá terminado- sino que, además, le resultarán menos gratificantes que a otra persona que lo haga a duras penas y además no será más feliz.

Del mismo modo y por el efecto contrario, se produce una consecuencia perversa y es que las personas que se han acostumbrado a un cierto nivel de vida basado en los caprichos continuos verán su pérdida como algo más amargo y serán más infelices que aquellos que no los tenían. En definitiva, la felicidad e infelicidad individual y de la sociedad depende de la magnitud de lo que gratifica y en la frecuencia con que podamos acceder a dichas gratificaciones.

¿Qué podría decirnos Parducci sobre lo que nos depara “La-Crisis” en cuanto a felicidad? Bien, pues la cosa no pinta nada bien ya que los españolitos nos hemos acostumbrado a vivir durante los últimos quince años sumidos en una orgía de gasto y caprichos (coches, casas, yates, motos, ropa, cenas semanales, copas, televisiones, segundas residencias, viajes, etc.) que si bien no nos han hecho más felices en términos absolutos si nos han hecho más vulnerables a la infelicidad.

En no poco tiempo, empezaremos a ver como las terrazas de los bares y restaurantes se vacían, los coches se quedan en los escaparates y la sociedad del gasto se retrae llevando a las personas a focalizar su atención en lo que no tienen y antes si llevándoles a un sentimiento de pérdida. Posiblemente las consultas de los psicólogos se llenarán y su figura ganará algún peso mediático. En general, los niveles de depresión y estrés se elevarán y con ellas otras tasas relacionadas como el alcoholismo. Las víctimas de “La-Crisis” se instalarán en el tejido social pero ya no a nivel material sino psicológico y moral, posiblemente y como dice –otro Psicólogo Social- de nombre Staub la “autoestima” a nivel colectivo, es decir, de la sociedad disminuirá lo que llevará a tratar de recuperarla pudiendo aparecer conductas violentas entre grupos y hacia “chivos expiatorios”.

Por tanto, “La-Crisis” no tendrá solo una vertiente económica o social, sino también psicológica y de salud de a saber qué magnitud. Y posiblemente, en esos indicadores de felicidad con los que nos regalan los sociólogos de vez en cuando, encontramos que los españoles ya no somos tan felices como antes e incluso que nos declaremos sumamente infelices.

Por tanto, el ajuste no solo será económico, sino también social y de valores. Buen momento este para estudiar la evolución de los mismos y ver si esos muchachos nacidos, crecidos y educados en la abundancia y el capricho son capaces de asimilar el cambio hacia valores de austeridad y esfuerzo como lo hicieron sus abuelos, o no.

Apenas he leído a nadie que hable de ello pero el cambio económico, el ajuste laboral y de sueldos no va a ser el único, ni siquiera el más importante.

Al menos, y utilizando el mismo modelo de Parducci siempre nos queda el consuelo de saber que en unos años y tras unos años de infelicidad, aprenderemos a ser felices con lo que tengamos –más bien poco comparado con ahora- y a largo plazo, si es verdad que “La-Crisis” se supera, volveremos a ser más felices, más que ahora.

viernes 28 de agosto de 2009

funcionarios y crisis económica

Desde que empezó la famosa La-Crisis y tras el bloqueo inicial que siguió a la consternación han sido muchos los especialistas –de todo tipo- que han propuesto multitud de medidas para sortear la susodicha.

En España, como siempre vamos a la cola, se ha abierto en la última semana –o pretenden hacerlo más bien, pero con poco éxito hasta el momento- el debate de, como lo denominan ellos, “los funcionarios” –casi suena a Al Pacino-.

Y es que esta semana han salido, uno detrás de otro, a la palestra con el tema funcionarial representantes de la prensa -Sr. Ansón que fue el primero-, de la política -Sra. Aguirre- y del empresariado -Sr. Díaz Ferrán- éste último se acaba de unir al trío un par de días después.

Casualidades de la vida, todos -los tres- han hablado para centrar sus esfuerzos...”ideológicos” en los funcionarios como chivo expiatorio, bálsamo de fierabrás o lo que sea para terminar con La-Crisis. Tengo que reconocer que todavía no se si el concepto funcionario lo tratan como objeto o como sujeto -no lo tienen muy claro ellos todavía- . Pero bueno, al ajo, dicen Aguirre y Díaz Ferrán que una de las claves para ajustar el gasto público es congelar el sueldo a los funcionarios y, en algunos casos más extremos como hace el Sr. Ansón y el Sr. Díaz, empezar con los despidos, terminar con ellos.

Curiosamente ninguno de los tres, ni el poder mediático, ni el político, ni el empresarial señalan cuánto tiempo duraría esa congelación o alcanzarían esos despidos, a qué tipo de “funcionarios” se lo aplicarían, qué entienden por funcionarios, en qué sectores o qué empleados públicos serían los despedidos, etc. Vamos que han lanzado el globo –deporte nacional- y ahí se han quedado a ver que pasa. En cualquier caso, y no es menor esto, la Sra. Aguirre sugiere a los funcionarios que no se quejen tanto y que den gracias y por satisfechos por tener un puesto seguro.

Tal y como plantean el asunto los dos señores y señora, más que un plan de ahorro parece una estrategia de otra cosa. De hecho, parecen más empeñados en presentar a los funcionarios como privilegiados a los que hay que “ajustar” –las cuentas o lo que sea- que como trabajadores de las administraciones públicas, que es lo que realmente son.

De tal manera es así el asunto que, bien por ignorancia, bien por algo peor, ninguno de los tres –poderes- aclaran algunos aspectos clave en su propuesta. Por ejemplo, no aclaran que lo que ellos denominan funcionarios, son realmente trabajadores de la administración pública, ya que entre éstos se encuentran, además de los funcionarios de carrera, funcionarios interinos, personal laboral y contratados eventuales. Ayer mismo se publicó un informe en el que se anuncia que la tasa de temporalidad en la administración pública es mayor que en la empresa privada. De manera, que esa idea de funcionario fijo y bien remunerado que debe dar gracias por un trabajo se cae por la propia realidad de los datos.

Tampoco estaría de más aclarar que dada la diversidad de contratos, administraciones, antigüedades, méritos, empleos y categorías laborales dentro de la administración pública, los salarios son de lo más variado, en muchos casos inferiores al mileurismo y, desde luego, nada homogéneos como parece desprenderse tras escuchar a los defensores de no se qué porque eso todavía no lo han dicho. En cualquier caso, ninguno de los sueldos, ni siquiera los más altos cargos de la administración pública, son comparables a los de cualquier ejecutivo medio-alto de la empresa privada, claro está, siempre que no sean cargos de designación política que en esos casos si son altos de verdad.

Ya que están puestos, los medios, los políticos, los empresarios o todos ellos, podrían aclarar también que muchos de esos empleados, de los que sobran, son empleados de la administración pública municipal o autonómica, en muchos casos politizada. Y que muchos otros están adscritos a fundaciones y agencias municipales y autonómicas que son centros de trabajo remunerado –a discreción del patriarca de turno- para los afiliados y meritorios del partido en el poder. Estos si que sobran.

Claro, ahora uno se pregunta. Cuando Aguirre, Díaz Ferrán o Ansón presentan la congelación salarial como objetivo principal y el despido como objetivo de máximos, ¿qué quieren decir con ello?¿quiere eso decir que los trabajadores que “sobran” y que son contratados por las administraciones públicas no son necesarios?¿quiere eso decir que si no son necesarios es que alguien los ha contratado sin tener en cuenta la carga de trabajo y las funciones que tenían que desempeñar?¿quiere quizás decir eso que el continuo traspaso de competencias a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos tan defendido por todos los partidos –a excepción de UPyD- es un disparate burocrático en el que se solapan las competencias y se multiplican los costes?¿o quieren simplemente decir con eso que los trabajadores de las administraciones públicas cuestan mucho dinero, es decir, que hay que hacer el mismo trabajo pero externalizándo los servicios?

Lo digo, porque como he comentado al principio, les he escuchado lo que está mal o sobra pero no les he leído lo que proponen –igual porque no quieren decirlo-.

Todo esto no quiere decir que no haya un exceso de trabajadores en la administración pública –que seguramente sea así-, ni que el Estado no tenga que ahorrar en costes –no solo en funcionarios-. Pero no es menos cierto que antes que sortear la crisis a través de los empleados públicos debamos revisar los motivos que han llevado a esta situación porque si confundimos las consecuencias con las causas y mantenemos el proceso perverso que los genera nada habrá servido para absolutamente nada.

De nada servirá si la solución pasa por quitar empleados de la administración para externalizar el servicio –salvo para hacer rico a algunos y empeorar las condiciones laborales de muchos. Ni servirá de nada si despedimos a los funcionarios si mantenemos la idea de que las instituciones públicas son empresas de colocación para los meritorios de los partidos políticos. Tampoco servirá de nada si creemos como plantean que el IPC o el déficit público son culpa o responsabilidad de los sueldos de los trabajadores de las administraciones públicas sino más bien de una economía endeble, en un contexto mezquino con un modelo anticuado.

Lo demás, son favores.

jueves 20 de agosto de 2009

algo saben en el PSOE que nosotros no

Algo saben en el PSOE que nosotros no a juzgar por la conversión en Ministro Portavoz in pectore del hasta ahora –que sepamos lo sigue siendo- Ministro de Fomento Sr. Blanco, Pepiño para los demás.

Antes de ayer aparecía el Ministro de Fomento haciendo al unísono de Ministro Portavoz y de Trabajo –a saber donde está éste- para entonar el mea culpa tras el escándalo monumental alrededor de los 420 euros de ayuda a los desempleados. Decía el Ministro Pepiño que no habían informado bien –al decir esto no se si se refería a los del Gobierno o a los del PSOE- cuando realmente lo que habían hecho era mentir como bellacos a los más necesitados. Al día siguiente, ayer, aparecía como segundo acto de la parodia el “poli bueno” Sr. Presidente del Gobierno, diciendo cual padre protector que él estaba allí para defender a los débiles y que el dinero llegaría a todos los parados sin tener el gusto de aclarar en esta segunda convocatoria cuestiones como a quiénes, cuándo, o cómo.

Supongo que después de hablarlo la noche siguiente, y digo supongo porque mucho me da que este gabinete primero hace y luego piensa, han debido de darse cuenta que no tienen dinero para hacerlo. Así que esta mañana tempranito, de nuevo, el Ministro in pectore Pepiño ha salido a la prensa para decir que; “los-que-más-tienen-van-a-tener-que-pagar-más-para-dar-a-los-que-no-tienen” –así como una sola cosa. Tampoco en esta ocasión ha tenido el gusto de aclarar ni a quiénes, ni cuánto, ni cuándo, ni cómo va a subir los impuestos. Por cierto, ¿dónde está la Vicepresidenta de Economía? Aún más grave y preocupante.

Mucho me temo que un Ministro de un Gobierno serio no puede salir así a soltar el globo sonda alegremente por muy malo que se sea, puesto que haciéndolo como lo han hecho, el tema se convierte en un absurdo, es como no decir nada, un ejercicio de mera demagogia más bien dirigida a sus votantes.

Lo peor es que mucho me temo que Pepiño también lo sabe, que van por ahí los tiros, es decir, que su única intención es, más bien, la de encolerizar al personal –a los suyos y a los otros- para, una vez más, fidelizar a las parroquias respectivas en un intento por desviar la atención del desgobierno general y la chapuza constante.

Así que, visto lo visto, me da la impresión de que algo saben en el PSOE que nosotros no. Mal deben irle las encuestas para que Pepiño haya desautorizado de un plumazo a Fernández de la Vega, Salgado, Corbacho y Pajín –pobre Pajín-. Podría ser que se hayan dado cuenta de la ineptitud del Gobierno al completo pero me temo que no porque como esta gente suele confundir las causas con las consecuencias me inclino por pensar que la fuga de votantes debe ser hemorrágica.

la indecencia como motor de cambio social

A servidor que por edad y circunstancias de la vida es ya perro viejo en esto de las políticas sociales en España ya le sonaba raro que el Gobierno de España (ninguno) se descolgara con una ayuda especial de 420 euros para los parados que hubieran agotado su prestación social. Pero como un servidor es igualmente ingenuo hasta que le llame la parca pensó que pudiera ser cierto, así, tal cual lo vendían.

Afortunadamente para mi y mi familia, no estoy ahora en la circunstancia de tener que optar a dicha ayuda pero si conozco bien el azote emocional que supone la necesidad, la carga psicológica que conlleva el tener que admitirlo y el desgaste físico y psicológico que comporta el conseguirlo.

Más allá de la consideración de si un Estado debe o no ayudar a sus integrantes o de las reacciones perversas –de todo tipo- que supone un subsidio continuado, existe otra faceta más ligada a lo que es la dignidad personal que ha sido en esta ocasión motor de cambio.

Es más que evidente que este Gobierno es malo, incompetente de solemnidad, y que tendremos que “sufrirlo legítimamente” pero lo que ya no tenemos por qué sufrir impávidos es su falta de decoro o como lo denomina Margalit, decencia, es decir, como un Estado que humilla a sus miembros.

Alguno podría pensar que cómo es posible decir que un Estado humilla a sus miembros si les subsidia. Podríamos pensar que por esto mismo pero no, yo me refiero a lo que se refiere Margalit, a las formas.

No es de recibo que un Gobierno, por el motivo que sea -más bien propagandístico-, anuncie una ayuda presuntamente universal para que luego sea absolutamente tangencial. No es de recibo que se envíe el mensaje a personas en situación de desempleo, con familias, con hijos, con hipotecas, con neveras que llenar y grifos que abrir de que se les va a –mejor que peor, más bien peor que esta es otra- dar la oportunidad de comer todos los días para que después de horas de espera en la pública, callejera y según las circunstancias hasta mancillante cola del INEM te digan que no. No es de recibo que se establezcan criterios de corte absurdos entre los receptores y los que no lo son, haciendo de la concesión un hecho arbitrario que discrimina entre españoles con derechos de primera o de segunda al azar por el mero hecho de que el Gobierno se quiera gastar dinero pero no mucho o sencillamente no tengas dinero para todos. No hay derecho, en definitiva, a que te engañen con lo que necesitas -y te venden pero no te dan- porque eso, simple y llanamente, es faltar a la dignidad de las personas, al decoro, a la decencia.

Y es de esta falta de decoro, de esta falta de decencia, de la que ha surgido como una ola una emoción colectiva de ira, de enfado por el engaño. De personas que han sentido que como vulgarmente se dice, les han tomado el pelo, toreado, creado faltas expectativas.

Es por esto, que primero el Ministro de Fomento, ¡el Ministro de Fomento!, tuvo que salir a apaciguar los ánimos pidiendo perdón y diciendo –otra mentira más- que no habían explicado bien la medida. Claro que lo habían explicado mal, porque habían dicho una cosa que no era, porque habían engañado, una vez más, a todos. “Su error” fue que en esta ocasión no calcularon que jugaban con una necesidad primaria, la de comer y que como dice el refranero; “con lo de comer no se juega”. Por esto mismo, por la ira provocada tanto en las personas en situación de desempleo como en quienes no lo estamos pero no admitimos un Estado indecente tuvo que salir el –posiblemente en varios aspectos- peor Presidente de Gobierno de la historia de España, a decir que se extenderá la cobertura. No ha dicho ni a quienes, ni como, ni cuando pero que se extenderá, ya veremos si, al menos, consigue así apaciguar el cabreo contra su gestión.

De todo esto saco una conclusión, me queda una esperanza, la de la reacción de los ciudadanos. Se positivamente que cuando alguien lo da todo por perdido, que cuando no cree en algo, se deja llevar, se resigna, lo da por imposible, se abandona al devenir de su suerte camino de la indefensión y la depresión individual y colectiva. Sin embargo, cuando cree que es dueño de su destino, se cree capaz de cambiar las cosas y tiene orgullo, se levanta contra la indecencia.

Más allá de la mera lectura política, es esto lo que ha pasado. Por eso, hoy, y frente a lo que muchos analistas políticos defienden, la lectura social y colectiva de España me ha dado una alegría. Por eso creo, que antes o depués, se anuncia un cambio.

martes 18 de agosto de 2009

la que se nos avecina

Esta mañana he estado escuchando al Sr. Güemes, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, hablando sobre la Gripe A en la presentación del Centro de Coordinación Telefónica de la Gripe A.

La verdad es que escucharle me ha puesto (de verdad) los pelos de punta. Estoy muy preocupado. Ha dicho que se esperan tasa-ataque de la Gripe A del 30%, lo que a efectos prácticos quiere decir que sobre una población de 6.300.000 personas que vivimos en la comunidad de Madrid casi dos millones de madrileños, unos más graves, otros menos, caerán enfermos el próximo invierno. Una barbaridad.

Dice el Sr. Güemes, y es aquí donde ya me empiezo a espantar, que la incidencia será la misma que en el resto de España, igual que en otros países Europeos, en países avanzados con sistemas de alerta sanitaria y tecnológica avanzada y semejante a lo que se ha observado en el hemisferio Sur.

Vamos que como político, en lugar de ponerse a trabajar (si y ahora hablo de esto), ya se ha curado en salud por lo que pueda pasar. De verdad, para echarse a temblar cuando un político sale dos meses antes de que empiece el otoño a los medios para decir esto.

¿Qué ha hecho la Sanidad de la Comunidad de Madrid a este respecto, a la prevención y la lucha contra la pandemia que se nos avecina?. Que yo sepa (y en esto quiero ser muy claro, que yo sepa, repito), de momento, poco. El Sr. Güemes ha puesto en marcha el susodicho Centro de Coordinación Telefónica del que hablo en el primer párrafo y en el que se ha hecho la correspondiente foto para el marketing político pero ¿qué más?. Hombre, supongo que la Comunidad de Madrid habrá comprado medicamentos (vacunas y antivirales), se habrá coordinado con otras agencias sanitarias autonómicas y nacionales, habrá informado de éstas a los profesionales sanitarios que dependen de su competencia, en fin, digo yo que seguro.

Pero...¿y a vosotros?¿os ha llegado algo?.

La verdad es que yo estoy en un grupo de riesgo, trabajo en una entidad pública de la CCAA de Madrid, tengo hijos en guarderías y colegios, conozco personas mayores y, de momento, no sabemos nada, nada de nada. Vamos, que mis hijos y yo que somos grupos de riesgo no tenemos noticia alguna de plan ninguno...¿qué será de los no grupos de riesgo?.

Por mi trabajo de docente me relaciono, vamos, comparto techo y aire, mesa y mantel, aula y pupitre, todos los días con no menos de cuatro mil personas, si, diariamente. Personas, además, que vienen de todas partes de América Latina (de ese hemisferio Sur del que habla el Consejero), de Asia, de Europa y de otras partes de España.

¿Y qué se a dos semanas de empezar el curso?...nada, nada ha llegado a mis manos, ni una sola información, ni un solo protocolo de actuación, ni la más mínima campaña de prevención, ni un mísero correo electrónico, nada. Que yo sepa, a los alumnos nadie les va a decir cómo comportarse –y cómo no hacerlo- si tienen algún síntoma, ni dónde tienen que acudir. Desde luego, ni la universidad, ni su servicio médico, ni el de prevención de riesgos, nos han notificado nada a los profesionales. ¿Qué hacer si un alumno presenta síntomas?¿paro la clase?¿sigo?¿llamo al servicio sanitario de la universidad que consta de un médico y un asistente técnico sanitario para una población de 35.000 personas?. Nada.

Con mis hijos igualmente. Uno en la guardería, otro en el colegio. Ni una sola noticia. Me preocupa especialmente este caso, ya que, los padres suelen llevar a sus hijos a los centros educativos incluso cuando están enfermos para irse a trabajar (más ahora que nadie está en disposición de perder el trabajo). Por experiencia de 5 años en guarderías, se que los directores y profesores de los centros no impiden la entrada a los niños con síntomas como fiebre, tos o vómitos, y que cuando llaman a los padres para que los recojan si la cosa es muy evidente, éstos, los padres, raramente lo hacen. Me consta que no aíslan al enfermo porque no hay ni protocolo de actuación, ni en muchos casos personal para hacerlo.

¿Y de los mayores?. ¿Sabe alguien si les han dicho cómo actuar?¿sabe alguien si se ponen malos quién va a ir a atenderlos?.

Y nosotros...¿le ha llegado a alguien información institucional a casa o a su trabajo sobre qué hacer?¿le han enviado a alguien mascarillas?¿o un centro de referencia al que dirigirse en caso de que alguien de los suyos presente la sintomatología?. A mi no.

Por eso, me echo a temblar. Porque si todo lo que dice Güemes es que la incidencia será igual –vamos que nos moriremos igual- que el resto de países de nuestro entorno. Por que lo que hace es recordarme muchísimo a la forma de actuar de Zapatero con aquello de que estamos mejor preparados que el resto de países de nuestro entorno para superar la crisis-. La cosa pinta mal.

Por eso, sigo temblando cuando Güemes, presenta a bombo y platillo un teléfono al que llamar cuando uno crea que tiene síntomas para que le digan “vaya usted al médico” o “así, por teléfono, creo que usted no tiene la Gripe A”, algo que suena más a marketing político que a una medida eficaz. Sin embargo, de la prevención, de los protocolos en los colegios, guarderías y centros de trabajo no se nada.

Por eso, como diría un amigo mío, me “dan las calandracas de la muerte”, cuando todo lo que se le ocurre decir al Sr. Consejero es que teme que se colapsen los centros sanitarios y las urgencias de los hospitales. Claro, es lo que suele pasar cuando no se previene, cuando no se informa, cuando no se habilitan otros centros de atención temporal como bibliotecas o polideportivos, cuando no se adapta la legislación a la pandemia, cuando no se ordena a los centros bajo su responsabilidad a llevar a cabo ciertos protocolos de actuación, en fin, cuando son atacados por el virus (según sus previsiones) casi, dos millones, de madrileños.

Así que esto es lo que hay. Estos, parece, van a dejar corta a "la Crisis".

jueves 6 de agosto de 2009

si yo fuera europeo estaría acojonado

Apenas faltan unos meses para que España (Zapatero) se haga con la Presidencia de turno de la Unión Europea. ¿Qué creéis que esperan los europeos de “nuestra” presidencia? Imaginaos –como el chiste- van por la Unión Europea un francés, un alemán y un español que hablan sobre sus presidentes de la Unión Europea. Llega el francés y dice, pues mi presidente entre sus objetivos prioritarios para a Unión Europea piensa potenciar una política común en inmigración, una política común de defensa y una política energética en relación directa con el cambio climático. Llega el alemán y dice pues mi presidente piensa potenciar la reforma institucional de la UE y la política exterior común.

A esto que se les queda mirando el español y dice eso no es nada mi presidente va a establecer la ley de “memoria histérica –si- de los europeos” con el objeto de que podamos buscar a todos los caídos de la primera y segunda guerra mundial, abriendo las fosas comunes localizadas, las que no conozcamos las buscaremos- Además, Zapatero, impulsará nuevos Estatutos de Autonomía para todas las regiones de la UE traspasándoles todas las competencias necesarias (aunque debería decir posibles) para –según argumentario del PSOE- favorecer la igualdad entre los territorios –si, digo igualdad y territorio, manda huevos- fomentando transversalmente la diferenciación identitaria europea, que –de nuevo argumentario, manda huevos again- nos hará más fuertes y prósperos.

Dentro de esta política transversal de la diferenciación identitaria exigirá que todos los dialectos y lenguas cooficiales dentro de la UE sean reconocidas como lenguas de comunicación dentro de la Unión y tengan traductores oficiales, incluyendo –claro está el “farfullo” –lengua autóctona serrana datada por Rafael Gil en la obligada película “Las Autonosuyas”-.

Además, impulsará el diálogo social, el empleo y la reforma laboral de la Unión Europea para igualarla a la de España, como se puede comprobar de probada eficacia política y social, haciendo de Europa un “territorio” de valores sociales eternos y prosperidad a la imagen y semejanza de España.

Por último, Zapatero asimilará el Proceso de Bolonia Europeo al modelo español para igualar los índices de fracaso escolar en toda Europa pero atendiendo a la diversidad transversal mediante una política educativa diferente para cada región o pueblo con la visión de favorecer su propia historia y folclore popular.

La verdad, qué queréis que os diga, si fuerais europeos, ¿no estarías acojonados?, yo lo estoy. Aunque, aquí entre nosotros, casi mejor no decirles nada, ya se sabe, ojos que no ven corazón que no siente y seis meses pasan volando.

jueves 4 de junio de 2009

de la macro política a la micro política

Ayer, me encontraba en Madrid, inmerso en plena campaña electoral, cuando recién llegado a la calle Monforte de Lemos (la del Centro comercial La Vaguada), me encuentro a un militante, y compañero, de UPyD hablando con un empleado del servicio de estacionamiento regulado del Ayuntamiento de Madrid. Bajé del coche y, como yo iba a hacer lo mismo, repartir el periódico “Alternativa” de UPyD, me uní, atento, a la conversación.
La historia es que “al esto” (ahora entenderéis el porqué de la expresión) de llegar mi compañero a susodicha calle y aparcar el coche aparece un militante del PP, e identificándose como tal (ya me dirán que autoridad le confiere dicha condición), invita a la controladora a que multe a mi compañero por no tener puesto el correspondiente tique. Recién llegados nosotros y recién llegada la controladora, no ha lugar puesto que en esto, en sacar el billete me refiero, estábamos.
No contento con esto y viendo que la multa no prosperaba, el susodicho militante nos dice que la calle es suya, que ellos tienen permiso y que nosotros no, que le enseñemos el permiso. En definitiva, que no nos podemos poner en Monforte de Lemos, la calle, y mira que es larga y grande, así que nos invita (por las bravas) a dejarles la calle a ellos (entonces me vino a la cabeza inmediatamente lo que dijo el Sr. Fraga, hace unos años, aquello de “la calle es mía”). Todo esto iba, como no podía ser de otra manera y consustancial con lo que proponía, aderezado de la más gañaneril (permítaseme el palabro), grosera y provocadora de las formas. Evidentemente, nadie le enseñó permiso alguno, porque ni es el quién para requerirlo, ni porque para repartir propaganda en la vía pública lo precisamos (entenderéis ahora el prurito del Alcalde Gallardón por la ordenanza que pretendió aprobar para prohibirla y que no prosperó).
Bueno, pues nosotros, educados y demócratas nos fuimos calle abajo para repartir, entre otras razones porque nunca quisimos ponernos junto a ellos, tanto por respeto democrático como porque, además, no queremos que a fuerza de estar físicamente juntos en una calle de Madrid, alguien nos identifique como iguales.
No contento con eso, y al ver, que ni permiso hacía falta para nuestra actividad, ni a casa nos íbamos a ir, se fue corriendo directo a la Junta Municipal de Fuencarral a acusarse a “sus” cargos políticos, así que allí se fue a indicar a un par de cargos de libre designación que estaban en la puerta de susodicha Junta Municipal lo que le estaba pasando. Evidentemente, nada pudieron hacer salvo mirarnos de reojo y mascullando desde lejos, a la espera, es de prever, de que vengan tiempos mejores en que alguna ordenanza nos impida estar de pié en la calle explicando nuestra opción política.
A esto, que al cabo de una hora, aparecen por allí varios coches repletos de militantes del “otro partido”, del PSOE, y dejando los coches en segunda fila, se mezclan en el mismo metro cuadrado con los del PP y se ponen a repartir sus panfletos con la megafonía a todo trapo y la cara de tener treinta y uno al juego pero ser postre. La tensión se mascaba pero con estos no se atrevieron, eso sí, yo miraba como a unos diez metros atónito a las provocaciones de unos y otros, miradas de odio, megáfonos y sintonías entremezclados y a la espera de que en cualquier momento acabaran a mamporros. Allí ya se olvidaron de nosotros, que estábamos a hacer política que es lo nuestro. Empezaron entre “ellos”.
Bueno, pues este es un buen ejemplo de cómo la micropolítica reproduce fielmente casi de manera isomórfica, la macropolítica. De cómo la televisión y los periódicos se trasladan a la vida cotidiana, a la representación social y colectiva. Este es el tipo de relación que, tanto PP como PSOE, se han encargado de “enseñar” a la sociedad española durante estos años. Ya no me refiero a los comportamientos agresivos entre ellos (y, por lo visto también los demás), que también, sino el confundir los intereses de partido con los derechos de los demás. ¡Cómo es posible que alguien te quiera prohibir repartir tu programa electoral en una campaña electoral!. Pues si, se puede pretender.
Hay varias teorías psicosociales que podrían explicar bien este fenómeno en sus distintas facetas como, por ejemplo, las teorías del rol, de los grupos, el poder o las teorías de las relaciones sociales. Pero sin duda, una es trasversal a todas ellas, la del Aprendizaje Social. Y es que el ser humano aprende toda la vida, hasta el momento de su muerte y, cómo no, aprende los patrones de relación social que mal-enseñan “sus” cargos políticos, y los que no son “suyos”. No tiene, por tanto, nada de extrañar que los simpatizantes, incluso los propios votantes, reproduzcan fielmente el estilo incorrecto e inconveniente de los políticos y que identifiquen como “enemigos” a todo aquel que no vota lo que vota él, que no viste el color que viste el o que no escucha la cancioncita electoral que escucha él, es decir, a otro ciudadano. Al fin y al cabo como tales, como enemigos, se tratan en público y en televisión sin reparo.
Sin duda, esta manera de hacer política, de entender la sociedad, de entender al otro ciudadano, de entender las calles y plazas de nuestras ciudades, de ocupar o, mejor dicho, de “okupar” las instituciones, tiene que cambiar.
Valga como ejemplo de lo que digo la cuestión que, hoy, el periódico EL MUNDO plantea, en su versión digital, a sus lectores: ¿Cree que la de las europeas está siendo la peor campaña electoral de la democracia?. A estas horas, las 10 de la mañana, el 93% de tres mil quinientos encuestados dice que si, que esta campaña electoral es la peor de la democracia.
¿Quién se hace responsable de esto?

domingo 31 de mayo de 2009

el estado de derecho y las elecciones europeas

Durante esta campaña electoral hay un partido que ha decidido hacer la campaña en la calle. Unión, Progreso y Democracia, más conocido por “el partido de Rosa Díez, UPyD” ha sacado los micrófonos a la calle y da mítines donde los protagonistas son los ciudadanos. Son ellos, los que preguntan sin cortapisa, aquello que les parece más oportuno, preocupante o relevante de la sociedad o de la política a los candidatos de UPyD.
Tal ejercicio de democracia no debería de asustar a nadie, más bien, de congratularnos a todos. ¿A todos?. No, a todos no. Desde que comenzó la campaña electoral, el Ayuntamiento de Madrid, con su Alcalde D. Alberto Ruiz Gallardón a la cabeza, y los Jueces de la Junta Electoral han decidido que tal ejercicio de democracia no debe ser buena, por incontrolable (para ellos claro está).
Así que, susodichos poderes, llevan dos semanas, entorpeciendo constantemente los permisos a UPyD, retrasando permisos, lo que impide la correcta coordinación de los mismos y potesta a la policía –como se ha visto- a convertir un acto administrativo en uno potestativo al más puro estilo de la mafia adscrita al partido de turno que de o quite los permisos a discreción. Este hecho une a su propia gravedad intrínseca, la de torpedear, en plena campaña electoral la conculcación, en un solo acto, de dos derechos básicos. Por una parte, impide el derecho de todos los ciudadanos a la libertad de información, a conocer las opciones políticas (más allá de PP y PSOE que parecen las únicas), por otro el de la libertad de expresión de todo aquel que no sean ellos.
Durante estos años, el PP y el PSOE parece que solo han sido capaces de ponerse de acuerdo en una cosa, manipular, copar y repartirse los medios de comunicación y las instituciones. A partir de esta campaña electoral, parece que han incluido también en este reparto el de las calles de España. Esta mañana, con la intervención de la Policía Municipal de Madrid para impedir que dos candidatos de UPyD a las elecciones europeas debatieran (en el Parque Juan Carlos I de Madrid) con los ciudadanos de España, los españoles, han culminado el paso definitivo para que el cambio y la regeneración política de España se de, y se de sin demora. Cualquier país democrático debe impedir lo que hoy se ha hecho patente; que los partidos políticos (PP y PSOE) se hayan hecho con el control total del Estado de Derecho, confundiendo sus intereses de partido con los intereses de los ciudadanos. Animo, desde estas líneas, a los ciudadanos de España a que el próximo día 7 de Junio, digan, una vez más, alto y claro, ¡Basta ya!.